Nuevas prosas

Debo admitir pues, que las noches no me austan como antes, que las mujeres que escriben me fascinan como siempre y como reciente atracción he descubierto mi gusto por la literatura inglesa y las películas de época.

He recordado sin reproches el llanto que lloraba cuando estaba enamorada, la sensación de falta de aire en mis pulmones cuando sentía que la vida se iba si él se alejaba también.

He recordado sin tristeza aquellas noches de desesperación sincera en que pensé que cada fibra de mi alma estaba atada a la suya y sigo pensando sin duda que esa fué mi gran historia de amor.

Nunca, lo prometo, nunca dejarán de abrumarme las cuaresmas, siempre hay algo tenebroso que se acerca con sus lunas llenas y sus noches claras, el recuerdo del amor de mi vida rondando la ventana por más que me siga mudando de habitación a habitación.

Siempre me gusto verter mi propia rima en la prosa, siempre me gustó escribir como pienso y decir en voz alta lo que luego escribiré, a veces me parece que al hablar en tono afable y con sentimiento bien sentido mis pensamientos se convertirán por si solos en poemas cantarines que surgen de una silueta loca hablando sola frente al espejo ó reservada en cualquier rincón.

Ningún gesto masculino parece ser suficiente como ven para la sed de amor que ahora me apremia, y los revolcones ciertamente dejaron de ser una forma viable de entretención, desde que me descubrí a mi misma tan sola y tan triste como siempre, después de descubrirme a mi misma incapaz de volver a hacer el amor.

Ahora me encuentro por castigo o por conciencia resignada acabarme la tinta de cada lapicero que encuentro mal puesto, de terminarme cada esquina, de cada página, de cada cuaderno, de cada recuerdo, de cada ilusión.

No estoy enamorada, no estoy desconsolada y aún así no hay rimas victoriosas ni finales felices, no hay desenfrenos que valga la pena contar, y quizás este blog comience a parecerles aburrido, pero para mí, es una nuevo nacimiento de mi pluma que ahora es sincera al escribir que a pesar de la tristeza y del vacío, puedo decir por primera vez en muchos años, que no hay un hombre en vida ni por cerca, ni por joder, ni por platonicismos locos típicos de mi edad; y he descubierto una sórdida y reluciente capacidad de amarme y de ser feliz y un reconfirmado miedo a la oscuridad.

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